Muestras Pasadas

Evento Landau

LANDAU

Padre & hijo

Sigmund y Jean-Pierre Landau

 

Padre e hijo es la  presentación de  la obra de dos artistas, Sigmund y Jean-Pierre Landau,  que abarca una línea de tiempo que se remonta a la primera y segunda guerra mundial, la guerra fría y la  caída del muro de Berlín hasta nuestros días.  El padre, Sigmund, originario de Lodz, descendiente del Maharal de Praga o Rabino Loew  fue artista de la Escuela de Paris.  Su hijo,  Jean Pierre, nacido en Francia, luego de  estudiar medicina y psiquiatría se volcó al psicoanálisis.  Sigmund incursionó en el postimpresionismo.   La influencia  de Cézanne  se adivina en sus óleos de bodegones y serenos  paisajes.   Escenas cotidianas de la tradición  judía transmiten el devenir gozoso del tiempo,   se percibe una calma expectante.    Sin embargo no se esboza en sus telas   ni  un trazo de  la  violencia desatada en un continente convulsionado por pulsiones de guerra,  persecuciones  y matanzas.                                                         

Jean-Pierre, comenzó a pintar  a los 16 años cuando su padre murió y confiesa  que su ausencia llena de presencia   marcó fuertemente  su niñez y adolescencia.   Su pintura orientada hacia el expresionismo no  es un  mero intento de alejarse del academicismo de Sigmund sino que ensaya una abstracción continuadora  del  derrotero paterno.    Escenas del Génesis, personajes  bíblicos   habitan los lienzos y  una escritura casi jeroglífica va  plasmando texturas de signos,  letras y gestos esenciales  en los trazos de la memoria.  

El diálogo entre ambos es una sesión de psicoanálisis, un dispositivo que  ahonda en las profundidades de dos almas  atadas por el milagro de la descendencia.  Unidos por la tradición judía que atraviesa cada palmo de su existir, testigos de su propio tiempo  apelan a la memoria, al rescate de su herencia y  su particular mirada.  Padre e hijo,  Sigmund y Jean Paul, evocan e  interpelan la  relación de D´s con su creación, el hombre niño, el hombre inacabado,  el hombre padre  separado del hombre hijo.   Tradiciones y símbolos revelan el movimiento de un péndulo permanente, un devenir del tiempo vital, presencia y ausencia  existencial.   

Padre e hijo se funden en un abrazo   que los trasciende y exime de toda culpa, de toda deuda.

 

 

                                                                                   Liliana Olmeda de Flugelman

                                                                                  Curadora y Directora Ejecutiva

                                                                                     Museo Judío de Buenos Aires

                                                                                                              Agosto de 2018

El árbol invertido

La teoría del árbol invertido es el fruto de una elaboración efectuada a partir de la práctica del psicoanálisis con mujeres  bulímicas/anoréxicas que me develaron con sus gestos, lapsus y pesadillas recurrentes las mismas fantasías inconscientes  y  reminiscencias que pueden remontar a la vida fetal.

 Escuchando estas mujeres en tratamiento me di cuenta que ellas hacían la misma inversión en el orden simbólico de las generaciones a través de lapsus muy frecuentes tales como “mi madre” en vez de “mi abuela”, “mi padre” en vez de “mi abuelo” o también “Voy a nacer en…” cuando estaban  encintas.  Estos lapsus me indicaron que no podían inscribirse en el tiempo cronológico, en la duración, en el tiempo genealógico ni en el tiempo del relato.  Todas expresaban en sesión la impresión de   estar encerradas en el pasado.  Este sentimiento  de no existir está asociado  con la de no diferenciarse de su madre. Quince de ellas me trajeran espontáneamente  el mismo  dibujo : un árbol invertido, con las raíces alzadas hacia el cielo y las ramas enterradas, o simplemente orientadas hacia abajo.

Todos estos elementos clínicos me permitieron elaborar la teoría del “árbol invertido” que supone la existencia de una memoria inconsciente transmitida por las abuelas maternas que estructura una identificación primordial que une el feto con la abuela y la madre con el feto en un lazo placentario fusional. Así, se puede comprender esta «fantasia del árbol invertido» como una reminiscencia del embarazo y de  la vida fetal,  durante la cual el feto  reactiva en la madre  la memoria bio-emocional de la experiencia vivida por su madre durante el embarazo.  El “esquema del árbol invertido” sería pues un proceso de retroacción funcional de la memoria del cuerpo que estructura a nivel real y simbólico los significantes primordiales del feto en los significantes primordiales de la  abuela.   Así, según esta hipótesis, durante el embarazo, el cuerpo del feto “pertenece” al cuerpo de la abuela y la madre al cuerpo del feto, lo cual configura inconscientemente un lazo fusional madre-niño indestructible, fuera del tiempo, en el que toda separación es impensable.

Es pues,  gracias a todas estas mujeres analizadas  y a sus dibujos que  pude elaborar la teoría del árbol invertido en 2000  y  desde entonces, descubrí que esta noción es muy antigua.  La describen por lo menos tres textos sobre el origen del mundo y de la humanidad: en la Bagavad Gita, texto sagrado del Hinduismo , en el Timeo de Platón  y en el Be’er  Hagolah, el libro de Rabbi Loew,  el Maharal de Praga , el erudito talmudista, filósofo y matemático. Lo que es muy interesante es  cómo  descubrí  al mismo tiempo  que  Sigmund Landau y Jean-Pierre, mi marido, son descendientes de  Rabbi Loew el Maharal de Praga !  Así, como dice el  Talmud  y el  psicoanálisis,  las  mujeres parturientas y los recien nacidos «saben» todo inconscientemente  y  necesitan solo aprender a  olvidar.

                                                                                                         Tamara Landau.

 

La pintura de Jean-Pierre Landau:

                                      La pintura de Jean-Pierre Landau es a la vez poesía, psicoanálisis y música. ¿Será necesario distinguir?  ¿No consiste la pintura para él en inscribir una huella sobre un soporte, como hace la escritura para dibujar las palabras? El trazo pictórico impregna el lienzo y se vuelve letra del poema colorido.   La escritura es huella leíble de un pensamiento que, antes de adquirir una eficacia semántica, tuvo que ser llevado por operaciones psíquicas sucesivas, organizaciones diferentemente estratificadas de la memoria.   Ahora bien, Freud nos dice, en  Proyecto para una psicología científica, que estos sistemas mnésicos  son inscripciones, huellas que resultan de “facilitaciones” más o menos factibles entre neuronas y “signos de percepciones”: así se acumulan impresiones  de las que solo unas se vuelven conscientes, cuando precisamente las huellas, sustituidas por las percepciones activas, son relegadas en el Inconsciente por la represión originaria.

         La pintura y las poemas de Jean-Pierre Landau cuestionan el concepto de huella mnésica y de reminisciencia.  Una huella no es una cosa  ya que precisamente dice la ausencia de aquello que estuvo aquí  anteriormente y que ya no está:  solo hay huella de una desaparición, la huella es el acto mismo de la desaparición. Pero las huellas mnésicas pueden ser reactivadas en los sueños por ejemplo: ocupan los restos diurnos para figurar el deseo; o también sirven de “interfaz” entre una fantasía y los “recuerdos encubridores” de fenómenos anteriores o ulteriores. Y las palabras, restos perceptivos de fonemas oídos, permiten reconocer las huellas reprimidas bajo forma de ideas.

            Los trazos pintados, las letras trazadas, son más bien los cuerpo a cuerpo  amorosos del artista-pintor-poeta con la película sobre la que dibuja los contornos de su deseo. La huella de la impresión psíquica es un abrazo erótico. El afecto acaricia la trama que recibe la impresión ¿no se dice de un lienzo o de una piel que “impresiona” más o menos vivamente? el deseo del sujeto teje sus intrigas en el secreto del intervalo en que se entre-dice su arte.

            Las huellas mnésicas, las fases que estas huellas estructuran como sistemas sucesivos hasta las figuraciones plásticas escritas, vocales habladas, cantadas o pintadas, tienen quizás relaciones de analogía, pero no se pueden concebir como etapas cronológica, históricamente identificables según una progresión. Convendría más bien, si importa metaforizar, hablar en términos de estratificación o de sedimentación de estas capas de vestigios. Pero resulta que estas realidades son plásticas, precisamente, porque transforman una materia prima, porque tratan la huella, porque dan forma a una materia cualquiera: los viejos conceptos aristotélicos siguen sirviendo. La  psique está  en el origen de las operaciones que se diversifican en pensamiento, pintura o música; pero estos tres modos de aparición de la actividad simbólica seguramente no tienen funciones idénticas.

            Las sensaciones pintadas sugieren, imponen a veces, una recepción visual a la vez que sonora: y actuar esta recepción es una creación musical: la mirada se hace palabra, la emoción estética experimenta, hace la experiencia de una índole originariamente musical de la mente, que halla en la materia pictórica y literal el medio propicio a modulaciones significantes. Más que una “correspondencia” entre los colores, las palabras y los sonidos, que supondría una posible traducción término por término de los elementos constitutivos de estos registros expresivos, cabe pensar una realidad originariamente compuesta que contendría virtualmente una expresividad heterogénea: la psique del sujeto del Inconsciente se expresa  desde el origen como música y palabras coloridas.

                                                                                                Tamara Landau,                                                                                             Buenos Aires  agosto 2018

 

 

Infinito

El Museo Judío de Buenos Aires presenta la muestra Infinito, que inaugurará el día martes 20 de marzo a las 19 hs. en Libertad 769. Se presentarán obras pictóricas, fotografía, esculturas, food art, arte textil, video instalaciones e intervenciones sonoras de 35 artistas consagrados y emergentes con curaduría de Matías Roth y Fabiana Barreda.

Artistas: LUIS ABADI, CARMELO ARDEN QUIN, FEDERICO BACHER, FABIANA BARREDA, JACQUES BEDEL, ALFREDO BENAVIDEZ BEDOYA, LUIS FERNANDO BENEDIT, MILDRED BURTON, PIER CANTAMESSA, JUAN CAVALLERO, LEANDRO ERLICH, VICTORIA FRAIDENRAIJ, JOSEPH KOSUTH, JOSEPH KUGIELSKY, GONZALO LAUDA, LEONEL LUNA, LUIS FELIPE NOÉ, JUAN PABLO FERLAT, LUCAS MARIN, JUAN PABLO MARTURANO, YIGAL OZERI, LUNA PAIVA, LILIANA PORTER, FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS, OSVALDO ROMBERG, IRINA ROSENFELDT, DAMIAN ROTH, MATIAS ROTH, PEDRO ROTH, GRACIELA SACCO, RENATA SCHUSSHEIM, ALEJANDRO BOVO THEILER, MARCELO TOLEDO, SHEN WEI, AUGUSTO ZANELA

“Infinito” se basa conceptualmente en el estudio matemático de conjuntos numéricos infinitos, que demuestra que existen conjuntos con infinitos más grandes que otros. Partimos de esta noción como una metáfora para relacionar el universo conceptual y el universo en el que vivimos, sugiriendo que el primero es un infinito menor que el segundo. De esta manera, expresamos las limitaciones del mundo conceptual sugiriendo que el arte y su creación pertenecen al conjunto del infinito mayor.

La muestra conecta la colección permanente del museo, el patrimonio histórico de la cultura judía argentina e internacional y las nuevas tendencias estéticas. Esta conjunción logra a través del arte expandir hacia lo público las ideas que unen la historia de la humanidad.

El músico Esteban Insinger, interpretará en el órgano Walcker (1931) de la Sinagoga su obra “11.Bar”, en carácter de estreno mundial compuesta especialmente.

Dentro de las actividades programadas durante la duración de la muestra se llevará a cabo una intervención en la Biblioteca histórica del Museo con una proyección de Fabiana Barreda, libros de artista y música del grupo Vilna (Gabriel Valansi y Sebastián Schachtel) y Fernando Kabusacki. También se llevará una a cabo una serie de conferencias con temática sobre el infinito con: Cecilia Molina, Samuel Fukelman, Martín Moreno, Francisco Granado, Lucas Marín, Juan Pablo Ferlat y Gabriel Rud. En estos eventos tocarán los músicos Martín Bonadeo y Oliverio Duhalde.

La muestra cuenta con el apoyo de Marcos Lúmen.

EX LIBRIS

En el año 1998, se realizó una exposición de ex libris de artistas provenientes de todo el mundo en
el Palais de Glace recordando el quincuagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel.
En el año que celebramos el 50 del aniversario de la creación del Museo Judío de Buenos Aires
presentamos las obras de esa memorable exposición, provenientes de la colección Roth.
Ex Libris proviene del latin y significa “De entre libros de…” Son pequeñas obras de arte en
papel cuyo lado mayor no debe superar los 13 cm para que se puedan utilizar en cualquier libro.
Dentro del diseño debe aparecer la leyenda ex libris y el nombre o iniciales de la persona o
institución al cual pertenece el libro y también reflejar la personalidad de su dueño o temática de
la biblioteca. Cualquier técnica de impresión es válida siempre y cuando las reproducciones
sean idénticas. En caso de que se utilicen estampas, estas deben de estar firmadas y
numeradas por su autor (al igual que un grabado).
El primer registro que se tiene de un ex libris data del siglo XV de la era común cuando el
faraón egipcio Amenhotep III mandó fabricar una placa esmaltada de barro cocido para
poder marcar diferentes estuches que contenían papiros de su biblioteca personal.
Esta práctica tan interesante iniciada siglos atrás nos habla de identidad y de símbolo, de
pertenencia y de derecho. Muchos artistas atesoran en su cuerpo de obra esta especialidad
relacionada con la hermenéutica, la heráldica y la orfebrería. Es casi una evocación de los retratos
de aparato en los cuales brillaban los atributos del retratado con sus significancias y galardones,
los instrumentos asociados a su profesión o sus preferencias y saberes. El uso masivo de los ex
libris se popularizó gracias a la invención de la imprenta y a las diferentes técnicas de
estampación y grabado que permitían hacer varias copias idénticas de un solo original.
A lo largo del tiempo las técnicas de reproducción han ido cambiando de la mano de los
avances tecnológicos aunque siguen siendo bastante populares técnicas de grabado como
la xilografía o litografía.
Los invitamos a disfrutar de este “petit art” casi olvidado que como pieza de resistencia en este
mundo virtual nos recuerda el valor de la bibliotecas y procedencia de los libros, legitimando su
origen y manteniendo vigente una tradición exquisita.

Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora Museo Judío de Buenos Aires

De Kafka y Borges

En un texto publicado en Madrid, en ocasión del primer centenario del nacimiento de Kafka, Borges escribió: Mi primer recuerdo de Kafka es del año 1916, cuando decidí aprender el idioma alemán…Fue entonces cuando leí el primer libro de Kafka que, aunque no lo recuerdo ahora exactamente, creo que se llamaba Once cuentos… Después tuve oportunidad de leer El proceso y a partir de entonces, lo he leído continuamente.
Años más tarde, a través de sus libros que pugnaban por asaltar su voraz apetencia, recorrió las umbrosas calles de la Praga kafkiana, hurgó en los papeles que agobiaban al modesto administrativo y compartió sus desvelos amorosos. Discreto, el espíritu de Kafka acompañó en silencio el derrotero del gran escritor argentino, hecho de la materia con la que se hacen los sueños, penetró sus letras y universos gestando los textos fundidos en el crisol de su Babelia. En 1938 apareció en Losada (Buenos Aires) un volumen de Kafka titulado La Metamorfosis, con un prefacio de Borges. En el año 1991, en una edición de la misma obra publicada por la editorial ORION, Borges escribe:
“Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra…” Puede aventurarse que la fascinación de Borges ante la obra de Kafka duró, en términos redondos, unos siete decenios y que comenzó en algún momento indeterminable del período 1917-1920.
Los temas de estos autores se entrelazan y se cruzan como caminos que buscan llegar a destino. Ya Kafka introduce el “laberinto” como “la empresa imposible” y su modus operandi que inaugura el “regresus in infinitum”. Hay algún tema más propio de Borges que el laberinto? O la angustia kafkian que describe en el Aleph …vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo…
Saliendo del ámbito literario podemos afirmar que las citas a Borges son habituales en los artistas argentinos. Sus temas recurrentes y objetos fetiche son resignificados con tanta pasión como erudición. Recorren los senderos de su portentosa pluma en busca del tesoro escondido. Hallado. Saboreado. Laberintos esquivos conducen al meollo de su formidable espejo. Es que su esencia impregna bares y calles de una mítica Buenos Aires e inmensa, su obra, fecunda las musas artesanas con fervor. Aún lo intuímos con su paso pausado y figura señera.
Otro tanto ocurre con Kafka. Propensos como somos a calificar nuestras miserias, lo bizarro, lo incomprensible o inimaginado con el término “kafkiano” éste se erige como categoría en nuestra identidad y así surge camuflada, entreverada entre pinceles y gestos de pequeña gran elocuencia esa angustia que nos carcome como sociedad. Surge fácilmente la expresión de este dolor, inundan nuestros nodos los fulgores de la noche, los resquicios que se funden en miradas de terror. Kafka traslada su tensión mística a la experiencia del hombre en la gran ciudad.
El Museo Judío de Buenos Aires presenta obras de artistas en las que se puede reconocer la inspiración de Jorge Luis Borges y Franz Kafka. Una manera reverencial de honrar el enorme aporte de estos grandes de la literatura universal.
A Borges se le hacía cuento que Buenos Aires fue fundada. Kafka lo soñó.
Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora Museo Judío de Buenos Aires

Descubriendo a Alfred Cohn, fotografías 1924-1929

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El siglo XX debutó con una profusión de movimientos artísticos que acompañaron la turbulencia política que gestó la Primera Guerra Mundial y el período de paz que luego desembocara en la segunda gran conflagración y el nacimiento de nazismo.
En este contexto Alfred Cohn, oriundo de Nuremberg, se dedicó a los negocios familiares abandonando los claustros universitarios y desarrolló una pasión hacia el montañismo solo igualada por el ejercicio de la fotografía. Entre sus haceres, documentó sus viajes e incursiones por los picos más altos de Europa. Es notable el conjunto de vistas panorámicas con notas manuscritas en los passepartouts que él mismo montara y revelan el profundo conocimiento de esos paisajes, sus nieves eternas, glaciares y cornisas que con tanto entusiasmo escalara.
Los artistas viajeros del siglo XIX habilitaban con mirada de extranjero su fascinación por el paisaje descubierto y miraban con ojos científicos las regiones exploradas. En la serie de los Alpes, Alfred Cohn, opera en forma inversa, a partir de la familiaridad de su mirada revela hasta los más mínimos detalles topográficos del objetivo de su cámara. Lejos está de las investigaciones de la Escuela de Bauhaus, la Nueva Visión y la Nueva Objetividad, el artista se enfoca en la fotografía directa del paisaje logrando un relato descriptivo y minucioso de sus encuadres. Sin embargo, en el diario de bitácoras que pareciera haber realizado en su viaje por Venecia, Roma, El Cairo e Istambul corrobora ese paralelismo con los románticos viajeros, su cámara refleja la emoción de la ”trouvaille”, ya una pirámide, un friso, un grupo de niños o pescadores del Nilo.
Este conjunto de fotografías inéditas tiene el valor documental de una época ya ida: los glaciares se derriten, varios flancos se lavaron y precarios refugios son hoy condominios confortables. La privacidad es un recuerdo, las redes sociales se hacen eco de la intimidad expuesta y los destinos turísticos son apropiados por miles de cámaras que roban un instante de eternidad. Ya no más el rito de preparación del momento sagrado en el que una imagen se plasma en el vidrio para entregarse al bautismo de la química. No más el largo viaje que acrecienta el deseo, las distancias se acortaron e Internet nos acerca a los destinos más lejanos.
El Museo Judío de Buenos Aires le abre las puertas a esta notable colección de un artista hasta ahora reservado, testigo de una época y exquisito observador que, a modo de reflexión nos regala un manifiesto de alerta y nos hace cómplice de lo sublime.

Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora Museo Judío de Buenos Aires.

Colección  de Catalina Chervin

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Difícil determinar qué es lo que antecede a la obra artística y hasta resulta inquietante poder hacerlo. Esta empresa resulta particularmente menos afanosa en el caso de Catalina Chervin.
Esta artista nacida en Corrientes ha sido dotada por una extraordinaria habilidad que hace vibrar al observador que se aproxima, desprevenido, a su obra. Es un hada que revolotea en los bosques oscuros de la existencia humana, sin embargo la luz atraviesa su pelo renegrido y alumbra esos trazos milimétricos, barrocos y sin intención nos habla de la eternidad, de lo bello y lo siniestro, lo que intuimos desesperadamente cierto, lo revelado y por revelarse profundamente nuestro.
Una aproximación casi pueril, es pregonar la inevitabilidad de su formación en medicina, hija de oftalmólogo, sus mayores huyeron de los pogroms, castigo de un régimen que surgía voraz y malicioso. Testigo de otra dictadura más cercana y caprichosa, en Tucumán supo de pérdida y dolores, sin embargo surge dentro de ella una pulsión lejana e inefable.
Hay en Catalina una intensidad que solo se puede intuir por el filtro del sutil resultado. Sus obras más tempranas, Retratos, se remontan a ese pasado científico donde se erige un ominoso recuerdo, esboza lo que se dice y lo que no está permitido nombrar. Su Apocalipsis no da tregua, otra vez el recuerdo que surge inimaginado, con precisión de cirujano delinea cuerpos superpuestos, aquelarre infinito que recorre la historia universal de la crueldad y del amor, acaso no es éste también una batalla que se desarrolla en cada ser de la aventura de la vida?
Pero lo que es materia fundante de su altar es la proximidad con la microcaligrafía, técnica milenaria que los escribas judíos siguen perfeccionando. A simple vista se aprecia una figura, pero en realidad es texto devenido en figura, trompe l´oeil sagrado, que tiene en el Calendario para la cuenta de Omer múltiples ejemplos de este minucioso arte. Catalina Chervin encarna este saber en un medio profano. Ya no es el texto sagrado o las letras del alfabeto hebreo lo que brota de ese torbellino de emociones, es simplemente el pulso de la vida, senderos que se regodean en el soporte entregado a ese raspar intermitente. Y luego los matices. Y el ir y venir del flujo de su ser.
Estas obras presentadas son las que la artista no quiere dejar ir, es su colección preservada con fruición académica, gabinete de curiosidades decimonónico. Esencia y verbo, saber y entender. Catalina.

Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora

El Levantamiento del Ghetto de Varsovia, monocopias de Demetrio Urruchúa

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Los acontecimientos acaecidos en los meses de Abril/Mayo del año 1943 en la ciudad polaca de Varsovia durante la ocupación nazi, son un hito imborrable en la historia de la humanidad, en su sentido más literal, más amplio y abarcativo de lo humano.
En el mes de la conmemoración del Levantamiento del Ghetto de Varsovia, el Museo Judío de Buenos Aires le abre las puertas al conjunto de Monocopias del artista Demetrio Urruchúa, obras que completan la serie que adquirió el Museo de Arte Moderno de Nueva York  (MOMA) en el año 1942.
Cofundador del Taller de Arte Mural,  junto con Berni, Spilimbergo, Castagnino y Colmeiro, realizaron el mural de la cúpula y antepechos de la actual Galería Pacífico (anteriormente Bon Marché y Museo Nacional de Bellas Artes) obra que es testimonio de una época en la cual los artistas manifestaban sus preocupaciones por los movimientos sociales.
Utilizó la pintura para poner evidencia los horrores de la guerra, las dictaduras y la injusticia de tal manera que las series, la Guerra Civil Española y el Ghetto de Varsovia, marcaron un antes y un después en su obra. Urruchúa, como muchos intelectuales y artistas denunciaron en forma explícita los horrores y desatinos de una época en la que los poderosos perdieron el rumbo y embarcaron a millones de personas en el sufrimiento y la muerte.
La serie representada magistralmente por el maestro Demetrio Urruchúa, es parte de ese hito. Fue concebida a la par de los hechos, alzando su prensa de grabado y dejando dolorosamente plasmada en tinta sangrada su indignación, su odio y su asco 1ante el genocidio perpetrado contra el pueblo judío, específicamente en el Ghetto de Varsovia.
Urruchúa creó, sintió y construyó, alzando su furia creadora y honesta veintidós monocopias que relatan el levantamiento del Ghetto. Maravilloso dibujante, colorista, docente generoso, Urruchúa no solo dejó obras que perpetúan su memoria, sino también generaciones de artistas fruto de su inmensa pasión y compromiso social.

Liliana Olmeda de Flugelman – Curadora Museo Judío de Buenos Aires

Ricardo Fainerman – Curador invitado

Después del Jardín del Edén, Duilio Pierri y Maggie de Koenigsberg

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…”Y del Eden salia un rio para regar el huerto, y de alli se dividia y se convertia en otros cuatro ríos….” – Genesis 2:10

El Edén es, según el relato bíblico del libro del Génesis, el lugar donde D´s  había puesto al hombre después de haberlo creado a partir del polvo de la tierra.
En los paisajes fantásticos de Maggie de Koenigsberg abundan ríos y senderos de colores, plantas exóticas, flores imaginarias. Sus pinturas nos remiten irremediablemente al Jardin del Eden, regalo del Creador, ese lugar no conocido por los descendientes del primer hombre y la primera mujer. Resonancia del paraíso, forma y color se entrelazan sin tregua con desmesura premonitoria, exuberancia inquietante que anuncia a los precursores, almas errantes en diáspora impuesta, causalidad errónea, castigo celestial.
Escenario de la potencia contenida, la artista explora sus recursos allende los sueños, reniega del hombre una y otra vez, el universo es el Edén, los cielos abrazan el terruño, los ríos fecundan sus entrañas.
En su infancia, Duilio Pierri soñaba con insectos y hormigas gigantes, esa pesadilla recurrente transmutó en automatismo cotidiano. Sus monstruos internos se actualizan en cada serie, emergen renovados y los laberintos tótems pueblan el territorio heredado. Hombres mosquito y otras aberraciones habitan sus paisajes urbanos y en nuestro suelo devienen tropas en desolado teatro. La pareja primigenia no escapa de su operación artística, se intuye la expulsión del paraíso. ¿Qué pulsión devastadora sumió estos confines en caóticos detritus? ¿Teluria fértil o paraíso perdido?
Sueña Borges epifanías kafkianas. Edén originario, camino bifurcado, y sus ecos recorren con desbordante energía resabios arcaicos de esa expulsión, ¿es acaso nuestra vida el sueño de Otro? ¿Es acaso nuestro sueño la vida de Otro? Rosa de Milton, paraíso perdido, ¿acaso necesitas al hombre por venir?
Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora Museo Judío de Buenos Aires

250 años del Hospital Judío de Berlín, reflejados en la historia de la comunidad judía de Berlín

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Recife, la primera sinagoga de América Latina, y la ruta judía de Pernambuco

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El Cristal de la Memoria, fotografías y vídeos de Carlos Trilnick

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Argentina, los judíos y la diversidad cultural, tres caminos hacia el encuentro con la diversidad

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Sigmund Freud, sobre el diván

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Judíos bien tangueros

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