Muestra Actual

De Kafka y Borges

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En un texto publicado en Madrid, en ocasión del primer centenario del nacimiento de Kafka, Borges escribió:

Mi primer recuerdo de Kafka es del año 1916, cuando decidí aprender el idioma alemán…Fue entonces cuando leí el primer libro de Kafka que, aunque no lo recuerdo ahora exactamente, creo que se llamaba Once cuentos… Después tuve oportunidad de leer El proceso y a partir de entonces, lo he leído continuamente.

Años más tarde, a través de sus libros que pugnaban por asaltar su voraz apetencia, recorrió las umbrosas calles de la Praga de Kafka, hurgó en los papeles que agobiaban al modesto administrativo y compartió sus desvelos amorosos. Discreto, el espíritu de Kafka acompañó en silencio el derrotero del gran escritor argentino, hecho de la materia con la que se hacen los sueños, penetró sus letras y universos gestando los textos fundidos en el crisol de su Babelia. En 1938 apareció en Losada (Buenos Aires) un volumen de Kafka titulado La Metamorfosis, con un prefacio de Borges. En el año 1991, en una edición de la misma obra publicada por la editorial Orión, Borges escribe:

Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra…

Puede aventurarse que la fascinación de Borges ante la obra de Kafka duró, en términos redondos, unos siete decenios y que comenzó en algún momento indeterminable del período 1917-1920.

Los temas de estos autores se entrelazan y se cruzan como caminos que buscan llegar a destino. Ya Kafka introduce el “laberinto” como “la empresa imposible” y su modus operandi que inaugura el regresus in infinitum  ¿Hay algún tema más propio de Borges que el laberinto? O la angustia kafkiana que describe en El Aleph:

…vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo…

Saliendo del ámbito literario podemos afirmar que las citas a Borges son habituales en los artistas argentinos. Sus temas recurrentes y objetos fetiche son resignificados con tanta pasión como erudición. Recorren los senderos de su portentosa pluma en busca del tesoro escondido. Hallado. Saboreado. Laberintos esquivos conducen al meollo de su formidable espejo. Es que su esencia impregna bares y calles de una mítica Buenos Aires e inmensa, su obra, fecunda las musas artesanas con fervor. Aún lo intuimos con su paso pausado y figura señera.
Otro tanto ocurre con Kafka. Propensos como somos a calificar nuestras miserias, lo bizarro, lo incomprensible o inimaginable con el término kafkiano éste se erige como categoría en nuestra identidad y así surge camuflada, entreverada entre pinceles y gestos de pequeña gran elocuencia esa angustia que nos carcome como sociedad. Surge fácilmente la expresión de este dolor, inundan nuestros nodos los fulgores de la noche, los resquicios que se funden en miradas de terror. Kafka traslada su tensión mística a la experiencia del hombre en la gran ciudad.
El Museo Judío de Buenos Aires presenta obras de artistas en las que se puede reconocer la inspiración de Jorge Luis Borges y Franz Kafka. Una manera reverencial de honrar el enorme aporte de estos grandes de la literatura universal.
A Borges se le hacía cuento que Buenos Aires fue fundada. Kafka lo soñó.

Liliana Olmeda de Flugelman
Curadora Museo Judío de Buenos Aires